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domingo, 14 de agosto de 2011

Los sacerdotes que confiesen durante JMJ podrán perdonar el pecado de aborto


El Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, ha autorizado a los sacerdotes que confiesen durante la Jornada Mundial de la Juventud a que perdonen el pecado del aborto, facultad reservada a los obispos. Además, durante los días de la JMJ se podrán ganar indulgencias.

Así lo indica el siguiente comunicado de la Vicaría General del Arzobispado de Madrid:

1. Con el fin de que todos los fieles que acudan a las celebraciones de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud en Madrid puedan alcanzar más fácilmente los frutos de la gracia divina, que les abra las puertas de una vida nueva, el Sr. Cardenal Arzobispo de Madrid ha concedido a todos los sacerdotes legítimamente aprobados para oír confesiones sacramentales, que se encuentren en la archidiócesis de Madrid durante los días 15 a 22 de agosto, facultad delegada para remitir dentro del sacramento de la penitencia la excomunión latae sententiae correspondiente al delito de aborto procurado (cf. c. 1398), a los fieles verdaderamente arrepentidos, imponiendo al mismo tiempo una penitencia conveniente.

2. La Penitenciaría Apostólica, por decreto de 2 de agosto de 2011, ha concedido indulgencia plenaria a todos los fieles que participen devotamente en alguna celebración sagrada o acto de piedad que tenga lugar en Madrid durante la Jornada Mundial de la Juventud, así como en su conclusión solemne, con tal de que, habiendo recibido el sacramento de la penitencia y verdaderamente arrepentidos, reciban también la sagrada comunión y oren por la intenciones de Su Santidad. Podrán obtener, además, indulgencia parcial todos aquellos fieles que, dondequiera que se encuentren, eleven oraciones al Señor con el corazón contrito durante los días de las celebraciones de la Jornada Mundial de la Juventud para que impulse a los jóvenes a la caridad y les conceda fortaleza para anunciar el Evangelio con sus propias vidas.

Fuente: Diario Ya

miércoles, 8 de junio de 2011

La Virgen María en los últimos tiempos



El culto a la Virgen María, a la que también llamamos Madre de Dios por solemne definición de Efeso, es una característica propia de La Iglesia Católica. También algunas de las iglesias cismáticas, aparte otras cuestiones que les alejan de la obediencia al Primado, son especialmente fieles a este culto mariano, y en este sentido no se distinguen de los católicos de rito oriental. No es el caso de la mayoría de las iglesias protestantes que suelen omitir la denominación "Virgen" y dicen solamente "la madre de Jesús".

Esta forma de definir de los protestantes merece un pequeño comentario; no porque interese realmente su punto de vista, sino porque el contraste con el Dogma católico nos permitirá ahondar más en él.

Esta denominación "la madre de Jesús" es la que utiliza san Juan en el Evangelio. Este evangelista no la llama por su nombre, pero menciona a María por su condición de madre. Los protestantes, en general y salvo algunas excepciones, admiten la concepción virginal del Verbo en el seno de su Madre María, pero suelen omitir la denominación de "Virgen" al referirse a ella. Ciertamente, por otra parte, a la Madre de Jesús la mencionan raras veces. Esto se debe a una reticencia que mantienen con respecto a los católicos, a los que nos acusan de hacer de ella una especie de "diosa" al estilo de los antiguos paganos. Y es que estos protestantes, al no admitir la autoridad del Primado, y la asistencia del Espíritu Santo, tampoco pueden admitir el progreso doctrinal y dogmático que llamamos Tradición, y que es realmente el cumplimiento de las palabras de Jesús: "... el que a vosotros oye, a Mí me oye; y el que a vosotros rechaza, a Mí me rechaza; pero el que a Mí me rechaza, rechaza al que me ha enviado ..." (Lc 10, 16); "... id pues y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado. Y estad ciertos que Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos ..." (Mt 28, 19 - 20)
Este progreso doctrinal de la Iglesia, obra del Espíritu Santo, debería servir también para desmentir a los malintencionados que acusan a la Iglesia de estar "anclada en el pasado". Este mentís no sólo se centra en la doctrina mariológica, su alcance es mucho más amplio; podemos también incluir, dentro de la Cristología, la devoción al Sagrado Corazón, a la Divina Misericordia y otras devociones, que también representan un progreso en la Iglesia que Cristo fundó, y a la que transfirió el poder de enseñar y perdonar los pecados.

Veamos ahora brevemente este progreso, en el tema que nos ocupa: el culto a la Virgen María a lo largo de la historia, hasta llegar a nuestro tiempo y, más concretamente, a los tiempos de apostasía que se avecinan.

- La Madre de Jesús:
Los evangelistas nombran a la Virgen de diferente manera, aunque, especialmente en los sinópticos, quedan muy claras, la virginidad, la maternidad y la obra del Espíritu Santo.

"... La concepción de Jesús tuvo lugar de esta manera: Estando desposada María, su madre, con José; y antes de que conviviesen, se halló haber concebido María por obra del Espíritu Santo ..." (Mt 1, 18)

"... fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una Virgen desposada con un varón llamado José, de la casa de David, y el nombre de la Virgen era María ..." (Lc 1, 26 - 27)

"... se celebró una boda en Caná de Galilea. La madre de Jesús estaba entre los invitados ..." (Jn 2, 1)

"... Después bajó a Cafarnaum, con su madre, sus parientes y discípulos permaneciendo allí no muchos días ..." (Jn 2, 12)

"... Como viese Jesús a su Madre y al discípulo que amaba, que estaba allí, dice a su Madre: Mujer he ahí a tu hijo. Después dice al discípulo: He ahí a tu Madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa ..." (Jn 17, 26 - 27)

Estas son las fuentes evangélicas en general, aunque la que más nos interesa a efectos de la consideración de la Virgen como Madre nuestra, e incluso, "Madre de la Iglesia" (Vaticano II) es esta última de san Juan, al pie de la Cruz. En el Nuevo Testamento es nombrada nuevamente como Madre de Jesús en los Hechos de los Apóstoles, tras la Ascensión y a la espera de la venida del Espíritu Santo (Hech. 1, 14). La Biblia tiene otros lugares en los que proféticamente se alude a la Virgen María sin mencionarla. El relato más conocido corresponde al Génesis, al mostrar Dios la enemistad entre la serpiente y la Mujer. El lenguaje es simbólico, pero la afirmación es taxativa: "... yo pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya: ella aplastará tu cabeza y tú acecharás su calcañar ..." (Gen 3, 15).

Aquí la mujer será una descendiente de Eva, no se especifica más, pero hoy sabemos, gracias a este progreso doctrinal que el Espíritu Santo promueve en la Iglesia Católica, que esta Mujer, preservada del pecado original por una gracia extraordinaria, sería la Madre del Mesías. Y esta "predestinación" estuvo en la voluntad de Dios desde la eternidad.

- Los Atributos definidos por la Iglesia Católica:

Así vemos la función de María en el advenimiento de Cristo en humildad, para redimirnos del pecado, y hasta aquí no suele haber mucha controversia, al menos entre los creyentes. Pero Dios tenía previsto para ella otra misión, igual de excelsa, pero más gloriosa si cabe. Esta visión gloriosa de María se atisba ya en toda la devoción popular en el mundo entero. Tenemos imágenes y advocaciones de la Madre de Dios tan diferentes como diferentes son las personas que las veneran. A veces se hace incluso difícil reconocer en estas imágenes, llenas de mantos y adornos, a la figura humana de María, la que contemplamos en la humildad de Nazaret, o las tremendas de la Pasión que al pie de la Cruz recibe de su Hijo el encargo de ser madre nuestra. Pero no importa, Dios mismo lo ha querido así en su Providencia. Las advocaciones populares de la Santísima Virgen acercan a los hombres a Dios de una forma tan profunda que hay que estar verdaderamente ciego para no reconocerlo.

Por su parte, la Iglesia la definió como Madre de Dios, como Inmaculada Concepción, como Asunta en cuerpo y alma, Madre de la Iglesia y ha avalado las advocaciones tales como la del Carmen y otras muchas cuya relación se haría interminable.

- Los últimos tiempos:

Pero la Virgen María, por su pertenencia (como también se admite en San José) al orden Hipostático, es decir la unión de las naturalezas en Cristo, está llamada a participar junto al Cordero del Apocalipsis, al Cristo Triunfante que ha de venir a juzgar a las naciones y a defender a los pecadores de la acusación del "enemigo del género humano".

Esta acción de la Virgen María en su misión maternal sobre todos los hombres, tras las palabras de Jesús en la Cruz, aparece a lo largo de la historia de la Iglesia con todo el esplendor que ya hemos mencionado al referirnos a la infinidad de advocaciones con las que es venerada en todo el mundo. Pero es que además, esta Madre Virgen que por designio de la Providencia dio a luz a Cristo en humildad en Belén, será también ella, glorificada ya sobre todas las criaturas, la que traerá nuevamente al mundo al que ha de venir "en Gloria y Majestad"

San Luis Mª Grignion de Montfort, apóstol incansable de la devoción a la Virgen María, afirmaba en el siglo XVIII, que la devoción a María sería especialmente el auxilio, de los cristianos de los últimos tiempos.

"... 35. María ha producido, por el Espíritu Santo, la mayor obra que se haya producido o que pueda producirse jamás, que es un Dios Hombre, y consiguientemente Ella producirá las mayores cosas que haya en los últimos tiempos. La formación y la educación de los grandes Santos que habrá hacia el fin del mundo, le está reservada; porque sólo esta excelente y milagrosa Virgen puede producir, en unión del Espíritu Santo, cosas grandes, extraordinarias, en la Iglesia de Jesucristo ..."

"... 51. De estas últimas y crueles persecuciones del demonio, que se aumentarán diariamente hasta el reino del Anticristo, debe principalmente entenderse aquella primera y célebre predicción y maldición de Dios, lanzada contra la serpiente en el paraíso terrestre, que aquí es oportuno explicar para gloría de la Santísima Virgen, salvación de sus hijos y confusión de Satanás ..."

de la web: Christus Regnat

jueves, 31 de marzo de 2011

Si estás harto de que te insulten por ser católico...


Si estás harto de que te insulten por ser católico... ¡actúa!

domingo, 25 de julio de 2010

¡Europa, sé tú misma!


“Por eso, yo, Juan Pablo II, hijo de la nación Polaca, que se ha considerado siempre europea, por sus orígenes, tradiciones, cultura y relaciones vitales; eslava entre los latinos y latina entre los eslavos; yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del Cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Universal, desde Santiago, te lanzo vieja Europa, un grito lleno de amor: vuelve a encontrarte. Sé tu misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Da al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tus conquistas hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. No te deprimas por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por las crisis sociales y culturales que te afectan ahora. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo. Los demás continentes te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: "Yo puedo".

martes, 1 de junio de 2010

No somos capaces de dar la cara por Dios


La ministra Chacón lleva meses dedicada a suprimir los elementos religiosos en las Fuerzas Armadas. En un nuevo reglamento se impide a los legionarios rendir honores al famoso Cristo de la Buena Muerte. En Toledo también están indignados por las medidas de Defensa para el Corpus.

Carta abierta de Ignacio Román Méndez Sanz
Teniente de Artillería en la Reserva


Como profesional de las Fuerzas Armadas y como católico estoy perplejo ante la falta de respuesta en el estamento militar ante los ataques directos a los sentimientos y creencias más profundas de nuestro Ejército.

Entiendo que la disciplina y la obediencia son fundamentales, pero todo tiene un límite... Nadie con conciencia dispararía contra población civil indefensa o contra su propia familia, por muy claras que fuesen las órdenes dictadas para hacerlo.

Sin embargo, no veo reacción alguna dentro de la propia institución militar ante la erradicación del "ser católico", íntimamente enraizado con la milicia desde tiempo inmemorial.

Somos capaces de ir a defender a pueblos desconocidos en los lugares más peligrosos y hostiles (y está bien) pero no somos capaces de dar la cara por Dios cuando nos lo están quitando de nuestros acuartelamientos, bases y buques. A lo mejor es que nos merecemos el laicismo como religión, porque no tenemos valor para arriesgarnos por Dios.

Si nos quitan la fe y los elementos cristianos de nuestras Fuerzas Armadas será porque a la mayoría no le importe, en especial en las instancias donde hay posibilidad de reconvenir, disentir o dimitir ante una orden de este calibre.

¡Qué pena, Dios mío! Te echan también de aquí sin que nadie te defienda...

"A todo el que me confiese delante de los hombres, también yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos. Pero al que me niegue delante de los hombres, también yo le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos." (Mt 10, 24-33)

Un cordial saludo.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Pecadores Públicos y Excomulgados


No hay duda de que el Código Canónico, la Doctrina y el Magisterio han diferenciado entre quién, por razón del aborto, incurre en causa de excomunión y quién se encuentra en pecado mortal, y en consecuencia entre quién queda fuera de la iglesia y quién por su actitud se priva de poder recibir la Comunión.

La diferencia está en el grado de participación. Por un lado tenemos a quienes participan directamente en la práctica del aborto: son los que colaboran material (físicamente colaboran en la muerte del no nacido: médicos, clínicas, personal sanitario, la propia madre) y/o intelectualmente (induciendo o confundiendo el consentimiento: psicólogos, asistentes, incluso algunos autores hablan de los que “actúan” por omisión). Por otro a quienes participan indirectamente apoyándolo o sosteniéndolo con sus aptitudes. A este último grupo pertenecen quienes están dispuestos a votar a favor de una ley abortista; pero también aquellos que no cambian, pudiendo hacerlo o haberlo hecho, leyes como la vigente en España. A los primeros, a quienes participan directamente, les corresponde la pena de excomunión, mientras que los segundos, en su calidad de pecadores, se automarginan, en virtud de la libertad que Dios nos ha dado, de la Comunión.

El problema es cuando la actitud del pecador, que no del excomulgado, es pública y notoria. En estos casos cuál debe ser la reacción de la Iglesia, del sacerdote oficiante para evitar el escándalo. En punidad, como ha sucedido en otros países, a todos aquellos que con su voto apoyaran leyes abortistas, y si este apoyo fuera conocido, el sacerdote conocedor de ese posicionamiento, por Cristo, por él mismo, en beneficio de la comunidad católica y para evitar escándalo, deberá negarles la comunión. Esto puede resultar chocante, duro, radical, pero es lo que toca. Se puede decir más alto, pero no más claro. Se debe hacer sin humillación ni escarnio, con la mayor caridad cristiana, pero se debe hacer.

Es obvio que los sacerdotes no pueden preguntar a cada uno que se acerca a recibir al Señor cuál es su posicionamiento en esta materia. Ahora bien, si el que se acerca es reconocido por su posicionamiento público a favor del aborto y no se ha retractado en la misma forma, a mi entender y sin ánimo de querer criminalizar a nadie o imputar responsabilidades, el sacerdote, pese a lo incómodo, comprometido y violento de la situación, debería negarle la comunión. ¡Qué gran bien haría ese sacerdote, qué gran labor para Dios, cuántas vidas podría salvar esa actitud valiente y comprometida del sacerdote, cuántas conciencias se removerían!

Pero la Doctrina y el Magisterio no sólo se refieren, no sólo afectan, a quien apoye con su voto el aborto, o esté dispuesto a mantener leyes abortistas en vigor, sino también a quien lo financie o lo promocione, o lo que es peor, a quien no esté dispuesto a su abolición, si en sus manos estuviera tal posibilidad de hacerlo. Es por ello que la pregunta que nos asalta es: ¿cómo debería actuar el sacerdote a la hora de darles la Comunión ante aquellos políticos que, siendo conocida su actitud pública, firman conciertos con las clínicas abortistas, que distribuyen gratuitamente la píldora del día después, incluso a menores sin el consentimiento paterno, o que, cual fariseos, se azotan públicamente por la nueva ley, pero aceptan y se comprometen a mantener la actual? ¿Debería darle la Comunión o pedirle primero su reconciliación con Dios mediante el Sacramento de la Confesión? La respuesta no debiera dejar lugar a dudas, pero parece que a estas alturas sí existen y muchas.

Yo sé que la pregunta no es cómoda, que no es fácil de contestar. Es una pregunta de respuesta comprometida que quizás ponga en evidencia a muchos sacerdotes. Sin embargo yo me considero con derecho a obtener una respuesta clara de mis pastores. Entre otras razones porque, a la vista de los acontecimientos, mis hijos me demandan una contestación. La pregunta está en la calle: ¿Puede un político, que se autodenomina católico y que públicamente apoya la actual ley del aborto y se compromete a mantenerla, recibir el Sagrado Cuerpo de Cristo? ¿Puede un político, que con su voto apoye la nueva ley del aborto, recibir el Sagrado Cuerpo de Cristo? ¿Cuál es la diferencia entre ambos? ¿Qué les haría merecedores a unos o a otros de tan alto privilegio? No lo olvidemos, a quien provoca escándalo más le valdría colgarse una piedra de molino al cuello y arrojarse al mar.

Por último, no me vengan con preguntas espurias tipo: ¿Quién es usted para opinar? ¿Cómo se puede usted entrar en la conciencia de otro? Pues bien, lo hago porque amo mi Credo y no consiento el escándalo que puede minarlo; porque quiero que todo ser concebido nazca; porque lucho por una legislación acorde al orden natural y la moral objetiva y porque sólo con un pronunciamiento claro y riguroso, las conciencias de muchos se activarían y podríamos salvar la vida de muchos inocentes. Si esa actitud valiente, gallarda e incómoda, de un sacerdote cualquiera sirviera para que determinados políticos suspendieran sus conciertos con las clínicas abortistas o dejaran de distribuir la píldora del día después, aunque solo consiguiera salvar la vida de un único inocente, Bendito sea ese sacerdote.

Un artículo de Rafael López-Diéguez

martes, 4 de agosto de 2009

Hoy, Indulgencia Plenaria


En el marco del Año Sacerdotal decretado por el Papa Benedicto XVI, hoy, martes 4 de agosto, día en que celebramos a san Juan María Vianney, los fieles católicos podrán obtener indulgencia plenaria.

Los sacerdotes podrán ganar la indulgencia plenaria si rezan con devoción al menos Laudes o Vísperas ante el Santísimo Sacramento, expuesto a la adoración pública o reservado en el sagrario, o bien que, a ejemplo de San Juan María Vianney, se ofrezcan con espíritu dispuesto y generoso a la celebración de los sacramentos, sobre todo la Penitencia.

Asimismo, los presbíteros podrán alcanzar indulgencia parcial cada vez que recen con devoción oraciones aprobadas para llevar una vida santa y cumplir santamente las tareas a ellos encomendadas.

Por su parte, los fieles podrán obtener la indulgencia plenaria siempre que "asistan con devoción al sacrificio divino de la misa y ofrezcan por los sacerdotes de la Iglesia oraciones a Jesucristo, sumo y eterno sacerdote, y cualquier obra buena realizada ese día, para que los santifique y los modele según su Corazón".

En tanto, a los impedidos por una causa legítima: enfermos, encarcelados, ancianos o minusválidos, monjes y monjas de clausura, etc., se les concede la indulgencia plenaria si con el espíritu desprendido de cualquier pecado y con la intención de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres acostumbradas condiciones, en su casa o donde se encuentren a causa de su impedimento, en los días antes determinados rezan oraciones por la santificación de los sacerdotes, y ofrecen con confianza a Dios, por medio de María, Reina de los Apóstoles, sus enfermedades y las molestias de su vida.

Los requisitos, anteriores a los mencionados, para obtener la indulgencia plenaria, son: estar en gracia de Dios luego de haberse confesado, recibir la Comunión, rezar por las intenciones del Papa y renunciar a todo tipo de apego al pecado.

sábado, 1 de agosto de 2009

¡Viva la Guardia Civil!


Hace cincuenta años comenzaron los terribles atentados de ETA. La banda, cobarde como siempre, ha logrado sobrevivir. Antes de la transición, respiramos esperanza. Ahora, con la debilidad de nuestro sistema político, sólo tenemos razones para ser pesimistas.

Hace poco, los obispos nacionalistas pidieron perdón por el silencio de la Iglesia ante el fusilamiento de 14 religiosos que durante la Guerra Civil. Estos religiosos fueron condenados por sus actos políticos a favor del bando enemigo de la Iglesia. No murieron mártires. Sin embargo, los obispos se sintieron en la obligación de pedir perdón.

Los agentes de la Guardia Civil asesinados hace dos días, murieron mientras realizaban su trabajo, proteger la vida de sus semejantes. Esperemos que los políticos vascos, los obispos vascos, los ciudadanos vascos, sepan valorar la labor de estos hombres, cuyas familias también estuvieron en peligro el día anterior en Burgos, y sean solidarios con las víctimas, no sólo de boquilla, sino actuando con contundencia. Lo menos que espero de los obispos nacionalistas, es que pidan perdón por el silencio de la Iglesia vasca durante tantos años.

¡Viva la Guardia Civil!

lunes, 13 de julio de 2009

Condenados por apoyar a los enemigos de la Iglesia


La Iglesia vasca, una vez más, condena la violencia venga de donde venga. Que yo sepa, la violencia en el País Vasco sólo viene de un lugar hasta ahora apoyado por curas proetarras que escandalizan a los católicos.

A pesar de ello, los obispos nacionalistas piden perdón por el silencio de la Iglesia ante el fusilamiento de 14 religiosos que durante la Guerra Civil fueron condenados por sus actos políticos a favor del bando enemigo de la Iglesia. Algo lamentable, pero previsible cuando siendo sacerdote se antepone una ideología política a la defensa de la fe y la patria.

Murieron ejecutados en un acto de guerra, y no por el simple hecho de ser sacerdotes, como ocurrió en el caso de los cientos de mártires asesinados por los rojos, estos sí, testigos de la fe.