martes, 18 de agosto de 2009

Paracuellos y Katyn

La historia de Katyn resulta tan parecida a la de Paracuellos que, en la situación política española actual, la exhibición de la película de Wajda despertará más de un fantasma poco deseado
Madrid, otoño de 1936.

Un militar sublevado detenido, con otros muchos, en la cárcel Modelo, escribe a su esposa pidiéndole un jersey. Varsovia, otoño de 1939: un oficial polaco recibe de su mujer un jersey. Madrid, 6 de noviembre de 1936: el oficial escribe a su familia un breve mensaje en un sello de correos: van a ser trasladados a Valencia. Varsovia, primavera de 1940: los militares detenidos en Kozielsk, Starobielsk y Ostaszkow reciben confiados la noticia de su liberación. Madrid, 7 de noviembre de 1936: los prisioneros suben a bordo de varias docenas de autobuses urbanos, que los conducen a Paracuellos del Jarama, donde son fusilados al borde de fosas comunes. Las “sacas” continúan, en la cárcel Modelo, Porlier, San Antón y Ventas, hasta comienzos de diciembre. Marzo-mayo de 1940: los oficiales polacos son conducidos a Katyn, Charkow, Miednoje y otros lugares y asesinados de un tiro en la nuca. Madrid, primavera de 1939: las familias se enteran, casi tres años después, de los asesinatos. Polonia, 1943: las familias de los oficiales oyen hablar por primera vez de la masacre, tres años después. Madrid: la esposa del oficial saca el sable que había mantenido oculto durante toda la guerra. Varsovia, 1945: la viuda de un general recibe de manos de su criada el sable de su marido. El número de personas asesinadas identificadas (sin identificar hay muchas más) en Paracuellos es de unas 4.200, en el bosque de Katyn, 4.421. La primera cifra no es definitiva, la segunda, sí.

España, 2009: los detalles referidos pertenecen a la historia familiar. Sobre Paracuellos existen media docena de libros. La misma Causa General no le dedica más de cuatro páginas (239 a 243 según la edición de 1944). Lo que es más llamativo: el libro de Félix Schlayer Matanzas en el Madrid republicano, publicado originalmente en Berlín en 1938 bajo el título Diplomat im roten Madrid, no fue traducido ni editado en español ni siquiera en la época de Franco, teniendo que esperar hasta el año 2006.

En Google académico se registran sólo 4 referencias de artículos sobre Paracuellos. Polonia, 2009: sobre las fosas de Katyn aparecen, en el mismo lugar, 2490 entradas. Los particulares sobre los oficiales polacos y sus familias han sido tomados de la película Katyn, de Andrzej Wajda, financiada por la televisión polaca y candidata al Oscar a la mejor película extranjera en 2008. Sobre el tema existe, aparte del noticiario alemán de 1943, un documental (Marcel Lozinski: Las katynski, 1990).

En España no existen películas ni documentales sobre Paracuellos. A la hora de escribir estas líneas (marzo de 2009), el film sobre Katyn no ha sido doblado al español ni se ha estrenado en salas comerciales, salvo dos pases: en una muestra de cine experimental (noviembre de 2008), y en una actividad de la Universidad CEU-San Pablo de Madrid (marzo de 2009). Por el contrario, Santiago Carrillo, antiguo Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, considerado el último responsable vivo de las matanzas de Paracuellos recibía, en 2007, el doctorado honoris causa por la Universidad Autónoma de Madrid. En unas declaraciones sobre la resolución del juez Garzón de exhumar las fosas de los represaliados por el franquismo (28 de octubre de 2008), confesaba que es "un error llevar la memoria histórica a depender de la resolución de los jueces" porque se corre el riesgo de que el proceso se convierta en "la carabina de Ambrosio y nos acabe saliendo el tiro por la culata". Evidentemente, la historia de Katyn resulta tan parecida a la de Paracuellos que, en la situación política española actual, la exhibición de la película de Wajda despertaría más de un fantasma poco deseado.

La evolución histórica y política ha terminado transformando, gracias a la varita mágica de la “memoria histórica”, una misma historia (en su versión española y polaca) en dos formas diametralmente opuestas de enfrentarse con el pasado. Pero no siempre fue así. Cuando la historia era aún memoria viva, la tragedia de Katyn se vivió en España como algo propio. Así lo atestiguan, al menos, los libros y la prensa. La tragedia se narra en El martirio de Polonia, de Sofía Casanova y Miguel Branicki (Madrid, Atlas, 1945) y en Por nuestra libertad y la vuestra, Polonia sigue luchando, de Jozef Lobodowski (Madrid, Editora Mundial, 1945). En cuanto a las crónicas periodísticas, baste evocar las publicadas en La Vanguardia y otros diarios nacionales el 30 de abril de 1943 por Ernesto Giménez Caballero, quien viajó a Katyn desde Berlín:

“Al encontrarme yo, español, ante esta fosa atroz, inmensa, nauseabunda, horrible, donde en estratos superpuestos se alinea destrozada la falange y flor del Ejército polaco, no puedo por menos de exclamar: ¿Katyn? ¡¡No!! ¡¡El Cuartel de la Montaña!! ¡¡Paracuellos del Jarama!! ¿Polacos? ¡¡Oh, no!! Son los nuestros. Los de la Casa de Campo... Los de la Cárcel Modelo... […] ¡¡Esto es Rusia!! ¡¡Al fin estoy en Rusia!! ¡¡Tantos años pugnando por ver Rusia, la desconocida!! Pero Rusia (Smolensko como Cuatro Caminos, Katyn como Paracuellos) ya la conocía. Y -lo que es peor- estaba -como tantos españoles- a punto de olvidarla”.

Olvidado por el paso del tiempo (no tanto, entonces), por la voluntad de superar el trauma de la guerra, por un proceso espontáneo de reconciliación nacional, o por los motivos que fueran, Paracuellos ni siquiera fue objeto de una investigación exhaustiva en la posguerra. Sólo así se explica que, frente a las cifras definitivas y la identidad concreta de las víctimas de Katyn, establecidas ya por los alemanes y las diferentes comisiones internacionales encargadas de la exhumación, nada se sepa de esos genéricos “varios millares” sin identificar al otro lado de la Terminal 4 de Barajas. En contraste, la bibliografía sobre Katyn comprende incluso las biografías de los asesinados. Cosa posible tanto por la metódica frialdad con que los soviéticos planificaron el crimen, como porque, buscando una rapidez industrial en las ejecuciones, y en la convicción de que jamás serían descubiertas, no se molestaron en despojar a las víctimas de su documentación y otros objetos personales (como cartas y diarios).

Es precisamente sobre la abundante documentación existente y publicada como Andrzej Wajda (hijo de uno de los oficiales asesinados en Katyn) ha realizado su film. El veterano director reconoce no pretender reconstruir “toda la verdad sobre aquel acontecimiento porque ésta ya ha sido descubierta tanto en su aspecto histórico como político”. Al contrario, prefiere centrarse en la historia de las personas concretas, con el fin de conmover al espectador. Las verdaderas protagonistas serían, así, las mujeres (esposas, hermanas, hijas), que esperan más allá de toda esperanza, y que, cuando alcanzan la certeza, bajo la ocupación soviética, ni siquiera pueden expresar su duelo.

A la maestría de Wajda se debe la sobriedad de la narración, la elección de pequeños detalles como los mencionados al principio (tan pequeños que resultan universales, por lo verdaderos). Junto al drama de los militares, presenta el de los profesores de la Universidad de Cracovia, detenidos en masa por los alemanes y deportados a un campo de concentración (otros -no lo cuanta la película- fueron ahorcados con sus propias corbatas). Y el de los supervivientes, obligados a mentir (y a mentirse) hasta la desesperación absoluta e incluso el suicidio. Tal es el caso de uno de los oficiales, que se salva más o menos casualmente de la matanza. Más bien menos, puesto que en 1945 aparece en el bando de los verdugos. ¿Por qué yo no?, será la pregunta sin respuesta. El pistoletazo resuena en medio del film, que fluye entre las historias de las familias antes y después de la matanza, las vicisitudes y vida cotidiana de los oficiales desde su detención (destacan los apuntes de fervor religioso), la actitud de los alemanes y la de los soviéticos. Sólo en los últimos minutos Wajda se dedica a presentar la masacre con una frialdad de forense, reconstruyendo al milímetro el tiro en la nuca y la fosa común, tal como se ve en los retazos del documental rodado por los alemanes y mostrados previamente a lo largo de la película. Frialdad de forense en la narración, frialdad de la matanza industrializada. No se precisan escenas melodramáticas, ni grandes efectos especiales, ni músicas, efectivamente, para impresionar al espectador.

“Dulce et decorum est pro patria mori”, reza la frase final del libro de Lobodowski mencionado al principio. Ante las últimas imágenes de la película, uno puede llegar a preguntarse si es así, si realmente es tan bello morir por la patria. En realidad, el distanciamiento y la frialdad de Wajda van dirigidas más bien al público polaco, imbuido de un patriotismo de origen romántico, que tiene sus raíces en Mickiewicz y su poema Dziady. Así, Polonia, Cristo entre las naciones, sufría una vez más la traición y la muerte, cumpliendo su trágico destino por la salvación de la Humanidad. Las palabras del general Anders ante las tumbas de los soldados polacos en Montecassino, y recogidas por Lobodowski (p. 301), están implícitas en la actitud de los oficiales de Katyn:

“Caídos por ser fieles al honor de su pueblo y por asegurar la libertad al mundo, según reza la leyenda que se ve en muchos de esos cementerios: «Por nuestra libertad y por la vuestra». Pues por salvar a la civilización de sus modernos enemigos, como antiguamente la salvaron de los tártaros y de los turcos, ha sido clavado en la cruz este pueblo mártir”. La adhesión a esta idea del destino trágico de Polonia puede explicar así el aparente fatalismo y la resignación de los militares, que en realidad se comportan como todo polaco debía de hacerlo: como un mártir dispuesto al sacrificio. El heroísmo, para ellos, consiste precisamente en eso. Significativamente, el único personaje que elige otro camino (la guerrilla en los bosques, es decir, el no-sacrificio) acaba muriendo prematuramente de forma absurda, sin cumplir su destino, pero uniéndose al de su pueblo. Al espectador español quizá le resulte clarificador, para entender Katyn, el saber que el cine polaco de los años 50 recoge la tensión entre el individuo y el carácter o destino trágico nacional. En su reciente y excelente libro (El cine de Andrej Munk. El carácter nacional y el individuo, Madrid, Asociación de Amigos del Cine Experimental de Madrid, 2008), César Ballester sitúa las raíces de Wajda precisamente en ese romanticismo (bien comprensible, por lo demás, dada su historia familiar).

Han tenido que pasar muchos años (toda una vida) para que el director pueda llevar a cabo su idea de hacer una película sobre Katyn. No sólo (es obvio) por los obstáculos existentes durante el periodo comunista, sino (creemos) porque es necesario un proceso de maduración personal para superar el arrebato sentimental y evitar la tentación melodramática, tan frecuente hoy en día incluso en quienes no se han visto, como él, tocados directamente por la tragedia.
Cabe preguntarse si el público español, olvidado (a pesar o gracias a las políticas oficiales) de sí mismo, privado de su propio pasado, sabrá ya identificarse con la historia como todavía hace el polaco, y como él mismo habría hecho en 1943. Si lo hace, no todo está perdido. Si no, vanos serían los temores y las censuras (políticas o comerciales) ante una película que, hasta el momento, es la mejor sobre Paracuellos: Katyn.


Milagrosa Romero
Publicado en ARBIL

domingo, 9 de agosto de 2009

Confía en el tiempo...


Dice mi amo don Quijote:

“Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”.

martes, 4 de agosto de 2009

Hoy, Indulgencia Plenaria


En el marco del Año Sacerdotal decretado por el Papa Benedicto XVI, hoy, martes 4 de agosto, día en que celebramos a san Juan María Vianney, los fieles católicos podrán obtener indulgencia plenaria.

Los sacerdotes podrán ganar la indulgencia plenaria si rezan con devoción al menos Laudes o Vísperas ante el Santísimo Sacramento, expuesto a la adoración pública o reservado en el sagrario, o bien que, a ejemplo de San Juan María Vianney, se ofrezcan con espíritu dispuesto y generoso a la celebración de los sacramentos, sobre todo la Penitencia.

Asimismo, los presbíteros podrán alcanzar indulgencia parcial cada vez que recen con devoción oraciones aprobadas para llevar una vida santa y cumplir santamente las tareas a ellos encomendadas.

Por su parte, los fieles podrán obtener la indulgencia plenaria siempre que "asistan con devoción al sacrificio divino de la misa y ofrezcan por los sacerdotes de la Iglesia oraciones a Jesucristo, sumo y eterno sacerdote, y cualquier obra buena realizada ese día, para que los santifique y los modele según su Corazón".

En tanto, a los impedidos por una causa legítima: enfermos, encarcelados, ancianos o minusválidos, monjes y monjas de clausura, etc., se les concede la indulgencia plenaria si con el espíritu desprendido de cualquier pecado y con la intención de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres acostumbradas condiciones, en su casa o donde se encuentren a causa de su impedimento, en los días antes determinados rezan oraciones por la santificación de los sacerdotes, y ofrecen con confianza a Dios, por medio de María, Reina de los Apóstoles, sus enfermedades y las molestias de su vida.

Los requisitos, anteriores a los mencionados, para obtener la indulgencia plenaria, son: estar en gracia de Dios luego de haberse confesado, recibir la Comunión, rezar por las intenciones del Papa y renunciar a todo tipo de apego al pecado.

sábado, 1 de agosto de 2009

¡Viva la Guardia Civil!


Hace cincuenta años comenzaron los terribles atentados de ETA. La banda, cobarde como siempre, ha logrado sobrevivir. Antes de la transición, respiramos esperanza. Ahora, con la debilidad de nuestro sistema político, sólo tenemos razones para ser pesimistas.

Hace poco, los obispos nacionalistas pidieron perdón por el silencio de la Iglesia ante el fusilamiento de 14 religiosos que durante la Guerra Civil. Estos religiosos fueron condenados por sus actos políticos a favor del bando enemigo de la Iglesia. No murieron mártires. Sin embargo, los obispos se sintieron en la obligación de pedir perdón.

Los agentes de la Guardia Civil asesinados hace dos días, murieron mientras realizaban su trabajo, proteger la vida de sus semejantes. Esperemos que los políticos vascos, los obispos vascos, los ciudadanos vascos, sepan valorar la labor de estos hombres, cuyas familias también estuvieron en peligro el día anterior en Burgos, y sean solidarios con las víctimas, no sólo de boquilla, sino actuando con contundencia. Lo menos que espero de los obispos nacionalistas, es que pidan perdón por el silencio de la Iglesia vasca durante tantos años.

¡Viva la Guardia Civil!

martes, 28 de julio de 2009

Patriotismo


Muchos patriotas de toda la vida reniegan de esta España floja y amariconada, que cede sus valores y vende su primogenitura por un plato de lentejas. Tal como están las cosas, es fácil despotricar de la tierra que te vio nacer, incluso maldicen de ella.

Es comprensible. Pero no olvidemos que los patriotas somos los que amamos la España histórica, la que fue y la que deseamos que sea. Aquella en la que reine la justicia y la libertad auténtica. Aquella en la que se respete la vida y la dignidad de las personas.

El utilitarismo que sufrimos hoy en día, el separatismo que se potencia en nuestras tierras, el desprecio por la vida y la decadencia social nos hacen a veces renegar de aquello que más amamos. Sin embargo, como dice P. López, “ni siquiera una situación de enfermedad, decadencia o envilecimiento de la Patria debe menoscabar el patriotismo. Al contrario; en la prueba del dolor del hijo se prueba, a su vez, el auténtico amor de la madre. En una época, como la actual, en que la Patria sufre en su alma y en su cuerpo, los patriotas están obligados a poner en juego su virtud”.

jueves, 23 de julio de 2009

La profanación de la memoria a Santiago Apóstol, Patrón de España


Un interesante artículo publicado en In diebus illis:

Y no me refiero al gesto de asombro con el que posa nuestro amigo "el de la pipa", aquí a la izquierda retratado, mas acompaña a la perfección el tema de la entrada. Expongo la manipulación de la figura de Santiago hijo de Zebedeo, apóstol de Jesucristo por los siglos de los siglos.

Se festejarán este viernes y sábado unos actos, llamémoslos así, para celebrar la memoria de Santiago apóstol. Hasta aquí, bien, pero si ven el enlace, estos actos se parecen mucho aquellos que dicen: Celebremos y busquemos al Jesús histórico frente al Jesús de la Fe, por ejemplo. Pues en este tema tres cuartos de lo mismo, separar a Santiago apóstol, patrón de España, de ese Santiago matamoros que al parecer sería más facha que Don Pelayo, y que se avenía para echar un capote a los pobres españoles (que ¡oh, casulidad! eran cristianos) frente al apostól de España, al evangelizador, a ese hombre con la plenitud del sacerdocio, a ese mártir de Cristo. Santiago miembro eterno de la Iglesia triunfante.

Homenajear a Santiago con música gallega y celta y no con la Santa Misa como sería lo más coherente. Ya que estamos, ¿y por qué no con musica judía? Él era judío ¿o música romana? Él fue un testigo de Cristo bajo el Imperio Romano. Pues no, celta (que supongo yo que los druidas de Astérix y Obélix dejarían por escrito para interpretar una música auténticamente celta). Y gallega, supongo que es porque su cuerpo espera a que sea despertado en Santiago de Compostela, capital del Reino de Galicia.

Se quiere hacer un festejo a Santiago pagano, no cristiano. Fruto coherente de la derecha, por muy nueva que sea esta derecha y se apode de mil maneras: social, extrema, radical, centro-derecha, reformada, liberal... es la misma derecha de siempre. Jaime Balmes la describe a la perfección refiriéndose a los conservadores: "El partido conservador es conservador de la revolución".

La revolución que subvierte el orden cristiano, para hacer de cualquier cosa un arma contra la Cristiandad, incluso la figura de los santos o del mismo Cristo (adulterado). Y no podemos esperar otra cosa de un hijo de la revolución como es el nacionalismo. Es una visión estrecha, y que nada tiene que ver con la Santa Tradición católica de occidente y el amor y deber por la Patria propia, sino es la tradición anti-católica que quiere hacer de la Nación el fin. El nuevo dios a quien sacrificar y utilizando cualquier cosa buena para servir a esta nueva religión.

Y aunque parezcan que son nuestros aliados en la lucha porque hablan de Santiago apóstol o hacen referencia a tal o cual caballero cristiano u otro santo, no dejan de estar al otro lado de la muralla, con ese monstruoso sistema que no es otra cosa que una Anti-cristiandad.

Por un verdadero patriotismo católico, por el Reinado Social de Cristo, por la Santa Iglesia de Dios,

Sancte Iacobe Zebedei, ora pro nobis, ora pro regnum omnium Hispaniarum et Indiarum

lunes, 13 de julio de 2009

Condenados por apoyar a los enemigos de la Iglesia


La Iglesia vasca, una vez más, condena la violencia venga de donde venga. Que yo sepa, la violencia en el País Vasco sólo viene de un lugar hasta ahora apoyado por curas proetarras que escandalizan a los católicos.

A pesar de ello, los obispos nacionalistas piden perdón por el silencio de la Iglesia ante el fusilamiento de 14 religiosos que durante la Guerra Civil fueron condenados por sus actos políticos a favor del bando enemigo de la Iglesia. Algo lamentable, pero previsible cuando siendo sacerdote se antepone una ideología política a la defensa de la fe y la patria.

Murieron ejecutados en un acto de guerra, y no por el simple hecho de ser sacerdotes, como ocurrió en el caso de los cientos de mártires asesinados por los rojos, estos sí, testigos de la fe.

domingo, 12 de julio de 2009

Quien es Sancho


En este tiempo solicitó Don Quijote a un labrador vecino suyo, hombre de bien (si es que ese título se puede dar al que es pobre), pero de muy poca sal en la mollera. En resolución, tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió, que el pobre villano se determinó de salir con él y servirle de escudero.
Decíale entre otras cosas Don Quijote, que se dispusiese a ir con él de buena gana, porque tal vez le podía suceder aventura que ganase en quítame allá esas pajas, alguna ínsula, y le dejase a él por gobernador de ella. Con estas promesas y otras tales, Sancho Panza (que así se llamaba el labrador) dejó su mujer e hijos, y asentó por escudero de su vecino. Dió luego Don Quijote orden en buscar dineros; y vendiendo una cosa, y empeñando otra, y malbaratándolas todas, allegó una razonable cantidad. Acomodóse asimismo de una rodela que pidió prestada a un su amigo, y pertrechando a su rota celada lo mejor que pudo, avisó a su escudero Sancho del día y la hora que pensaba ponerse en camino, para que él se acomodase de lo que viese que más le era menester; sobre todo, le encargó que llevase alforjas. El dijo que sí llevaría, y que asimismo pensaba llevar un asno que tenía muy bueno, porque él no estaba ducho a andar mucho a pie.
En lo del asno reparó un poco Don Quijote, imaginando si se le acordaba si algún caballero andante había traido escudero caballero asnalmente; pero nunca le vino alguno a la memoria; mas con todo esto, determinó que le llevase, con presupuesto de acomodarle de más honrada caballería en habiendo ocasión para ello, quitándole el caballo al primer descortés caballero que topase. Proveyóse de camisas y de las demás cosas que él pudo, conforme al consejo que el ventero le había dado.

Todo lo cual hecho y cumplido, sin despedirse Panza de sus hijos y mujer, ni Don Quijote de su ama y sobrina, una noche se salieron del lugar sin que persona los viese, en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque les buscasen. Iba Sancho Panza sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, y con mucho deseo de verse ya gobernador de la ínsula que su amo le había prometido.
Acertó Don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había antes tomado en su primer viaje, que fue por el Campo de Montiel, por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque por ser la hora de lamañana y herirles a soslayo los rayos del sol, no les fatigaban. Dijo en esto Sancho Panza a su amo: mire vuestra merced, señor caballero andante, que no se le olvide lo que de la ínsula me tiene prometido, que yo la sabré gobernar por grande que sea. A lo cual le respondió Don Quijote: has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de los caballeros andantes antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de las ínsulas o reinos que ganaban; y yo tengo determinado de que por mí no falte tan agradecida usanza; antes pienso aventajarme en ella, porque ellos algunas veces, y quizá las más, esperaban a que sus escuderos fuesen viejos, y ya después de hartos de servir, y de llevar malos días y peores noches, les daban algún título de conde; o por lo menos de marqués de algún valle o provincia de poco más o menos; pero si tú vives y yo vivo, bien podría ser que antes de seis días ganase yo tal reino, que tuviese otros a él adherentes, que viniesen de molde para coronarte por rey de uno de ellos. Y no lo tengas a mucho, que cosas y casos acontecen a los tales caballeros, por modos tan nunca vistos ni pensados, que con facilidad te podría dar aún más de lo que te prometo. De esa manera, respondió Sancho Panza, si yo fuese rey por algún milagro de los que vuestra merced dice, por lo menos Juana Gutiérrez, mi oislo, vendría a ser reina y mis hijos infantes. ¿Pues quién lo duda? respondión Don Quijote. Yo lo dudo, respondió Sancho Panza, porque tengo para mí que aunque lloviese Dios reinos sobre la tierra, ninguno asentaría bien sobre la cabeza de Mari Gutiérrez. Sepa, señor, que no vale dos maravedís para reina; condesa le caerá mejor, y aún Dios y ayuda. Encomiéndalo tú a Dios, Sancho, respondió Don Quijote, que él le dará lo que más le conventa; pero no apoques tu ánimo tanto que te vengas a contentar con menos que con ser adelantado. No haré, señor mío, respondió Sancho, y más teniendo tan principal amo en vuestra merced, que me sabrá dar todo aquello que me esté bien y yo pueda llevar.